En Icod de los Vinos, situado en el norte de Tenerife, existe un Monumento Nacional.

Estamos hablando del llamado Drago Milenario, al que se le calculan más de 800 años de antigüedad. Es el tesoro del parque en el que se encuentra y el símbolo de Tenerife.

Mide 18 metros de altura, su tronco tiene 20 metros de perímetro y tiene un peso aproximado de 40 toneladas, de las cuales 80 corresponden solo a la copa.

La mejor forma de conocer de cerca este árbol y otras riquezas Canarias, es visitando el parque del Drago Milenario, que se puede recorrer a través de senderos y jardines.

Está considerado como uno de los seres vivos más ancianos del mundo, siendo también el más grande y longevo que se conoce de su especie.

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En la mitología griega, las Hespérides eran las mélides (ninfas de árboles frutales) que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, que fue situado por los autores clásicos en las Islas Canarias.

Estas islas era donde vivían las Hespérides, las tres hijas de Atlas, el personaje mítico condenado a sostener la cúpula terrestre, tras ser derrotado por Zeus. El jardín estaba custodiado por Ladón, un dragón de cien cabezas por las que escupía fuego y que nunca dormía.
Las Hespérides custodiaban un árbol en el que crecían unas manzanas de oro que proporcionaban la inmortalidad. Uno de los doce trabajos encomendados a Hércules fue precisamente el robo de estas manzanas.

Para conseguirlas, Hércules convenció a Atlas de que las robase él ya que le sería más fácil engañar al dragón para entrar, mientras, él se comprometía a sostener la cúpula terrestre que Atlas estaba condenado a sostener.

Atlas aceptó y robó las manzanas de oro tras matar al dragón que, confiado, le había franqueado las puertas de aquel paraíso. Aunque la intención de Atlas era huir y dejar a Hércules cargando para siempre la cúpula terrestre, finalmente Hércules logró engañarle y devolverle a su lugar.

Como castigo por el robo, las Hespérides fueron convertidas en árboles (sauce, álamo y olmo). Las manzanas de oro fueron devueltas al jardín, y Zeus puso al dragón en el cielo como constelación

Cuenta la leyenda, que las gotas de sangre que derramó Ladón, el dragón, cuando llegaron al suelo se convirtieron cada una de ellas en dragos, cuyas ramas se parecen a las cien cabezas del dragón y cuyo tronco desprende una sabia o resina de color rojo, llamada sangre de drago, que actualmente se sigue usando con fines curativos.